Preparados, listos…. salgo

Soy Klaus y os quiero contar un cuento.

Así quiero comenzar el cuento de Zulema…

Zulema es una gata adulta que desarrolló una lipidosis hepática a causa de la gran tristeza que tenía por sentirse abandonada, dejó de comer y eso causó su lipidosis, lo pasó muy mal pero con la constante ayuda de voluntari@s, veterinarios y de su casa de acogida, y contra todo pronóstico, salió adelante. Para mí que gastó una de sus siete vidas porque la cosa fue muy grave, pero no me lo quiere decir.

Zulema ahora vive, come y duerme en una cocina. Sus compis de piso no le dan mucho espacio más. Ella a veces intenta hacer alguna incursión al salón. El procedimiento es el siguiente:

le abren la puerta de la cocina y ella levanta la cabeza muy digna, respira hondo y sale.

va avisando con gruñidos por todo el pasillo que se acerca al salón, es que no quiere sorpresas felinas por el camino.

Sus compis se apartan inicialmente porque quieren la fiesta en paz y esos gruñidos, así de primeras, como que intimidan.

Ella entonces llega al salón, se sube al sofá muy digna, suspira un poco y se queda en posición estática y tensa, ojos abiertos vigilando que ningún felino le venga por ningún flanco.

La cosa dura poco tiempo y lo que se dice paz mientras está en el sofá tiene muy poca.

Alguno de sus compis piensa: “hale, Zule… se te acabó el bono de hoy“, entonces ella echa a correr a la cocina cual cenicienta que debe llegar a casa antes de las doce campanadas. Por cómo corre si llevara zapatos se dejaba uno fijo.

Y allí se queda, en la cocina, se busca un acomodo en una silla o en la camita que allí le han puesto y espera al siguiente día, a esos minutos de gloria, en los que se siente dueña y señora de una casa completa. Su felicidad no dura mucho pero en su casa de acogida piensan que mejor cómo está a estar en el Refugio, a malvivir en una perrera o a no querer ni vivir por tristeza y soledad. Y tienen razón. Ahora ya sólo le falta encontrar el hogar que se merece por ser una luchadora y finalmente una campeona.

Y así se termino su cuento.

No es vida para un gato estar siempre con esos sobresaltos, por eso Zulema sabe que esa no es su casa definitiva, que tiene que haber unas personas con un hogar en el que se pueda vivir en paz y descansar y ser ya completamente feliz.

Y así comienza su sueño… Y yo lo escribo mientras ella lo desea y os deja su ficha por si quereis conocerla y estas imágenes de su realidad.

Zulema ensaya su cara de mala malosa… para salir de la cocina.

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Zulema en momento pasillo con cabeza alta… ¡Cuidado que voy!

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Zulema en pequeño momento de disfrute sobre el sofá, alerta y ojos abiertos, por si acaso…

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Zulema preparada para salir por patas… ¡qué ya vienen los malos!

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Zulema descansa… hasta el día siguiente en que le abrirán la puerta de la cocina y… lo volverá a intentar.

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